8 min de lectura · 19. September 2026

¿Qué significa neurodivergente?

Nazim Venutti, MSc Psych
Nazim Venutti, MSc PsychPsicólogo clínico y compositor
Una persona mira su reflejo en un espejo de mano redondo

Cualquiera diría que la neurodivergencia está en boca de todos. Famosos que hablan abiertamente de su TDAH o de su autismo, o creadores de contenido e influencers que publican sin parar sobre concentración, plazos, planificación y AuDHD.

Sin embargo, una nueva investigación de nuestro instituto psicológico, especializado en neurodivergencia, muestra que casi el 98 % de los contenidos sobre neurodivergencia que encontramos en redes sociales son inexactos o directamente falsos.

No hablamos de la experiencia vivida de las personas afectadas, sino de cuestiones de definición, como estas: ¿Qué significa neurodivergente? ¿Qué es la neurodiversidad? ¿Es la neurodivergencia un trastorno o una enfermedad? ¿Por qué debería ocuparme de esto? ¿Necesito un diagnóstico para eso?

Neurodivergente: definición

Uno de los errores más frecuentes que vemos está ya en la propia definición de neurodivergencia. Lo que solemos leer es alguna variación de esta idea: la neurodivergencia sería una desviación respecto a cierta normalidad, a la media o a lo neurotípico.

Es decir, el sistema nervioso funcionaría de otra manera que el de la mayoría de las personas, y eso convertiría a alguien en neurodivergente.

Esa definición está muy extendida, pero no es correcta. Entender la neurodivergencia exige partir de un concepto previo: la neuronormatividad.

La neuronormatividad es una presión estructural y sistémica que impone la idea de que hay una manera correcta de procesar la información. Procesar la información significa aquí aprender, pensar, sentir y vivir.

Estructural quiere decir que la neuronormatividad no necesita formularse de forma explícita. No hace falta anunciarla en ningún sitio, ni siquiera mencionarla. Forma parte de las propias estructuras en las que nos movemos las personas. Sistémica quiere decir que forma parte de una dinámica que se sostiene a sí misma.

Por su unilateralidad y por la presión que ejerce, la neuronormatividad lleva a discriminar a las personas cuya manera de procesar la información es distinta.

Algunos ejemplos de neuronormatividad:

  • Un niño que aprende mejor con movimiento e interacción manual es evaluado por el tiempo que aguanta sentado y en silencio escuchando en un aula ruidosa. Las malas notas acaban convertidas en una imagen negativa de sí mismo.
  • Una mujer que hace preguntas precisas para entender bien lo que se espera de ella es tachada de «difícil» y «descarada» en lugar de recibir respuestas.
  • Un niño al que le cuesta aprender a leer y escribir es tratado de «tonto» porque percibe y procesa de otro modo lo visual.

Entonces, ¿qué significa neurodivergencia? La neurodivergencia es la medida en que una persona se ve afectada por la neuronormatividad. La pregunta no es tanto si alguien es normal, sino hasta qué punto su manera de procesar la información se aparta de la expectativa sistémica sobre cómo hay que procesar la información.

Así, en determinadas culturas la falta de empatía puede formar parte de la neuronormatividad, y quienes reaccionan con empatía son tachados de débiles, afectados o «tóxicamente empáticos», y quedan discriminados.

O culturas con exigencias muy altas de fidelidad incuestionada a las costumbres pueden discriminar a quienes prefieren pensar por sí mismos antes que aprenderse de memoria las reglas establecidas y cumplirlas.

El significado de la neurodivergencia

Como idea, la neurodivergencia está estrechamente unida a la neuronormatividad, pero también a la neurodiversidad. Porque la neurodivergencia es lo que resulta cuando la neurodiversidad se encuentra con la neuronormatividad.

La neurodiversidad describe el supuesto de que existe una variedad natural de la experiencia humana que en sí misma no es ni errónea ni correcta: simplemente es un hecho. La idea de la neurodiversidad parte de que no hay una manera correcta de ser persona y, por tanto, tampoco una estrategia de procesamiento de la información —que constituye buena parte de lo que es ser humano— que sea correcta o incorrecta en sí misma.

Igual que no hay animales ni plantas equivocados o acertados, sino una variedad cuya interacción forma la riqueza de la naturaleza, la neurodiversidad parte de que es la variedad del vivir, del pensar y del sentir la que forma la humanidad.

Detrás de esto está la idea de que el pensamiento humano no solo es limitado y falible, sino también reduccionista: deja fuera ciertos datos y prioriza otros. Gracias a la variedad, distintos aspectos de una misma realidad se captan y se procesan de forma distinta, y así entran en el inconsciente y el consciente colectivos.

Es decir: nos acercamos a una comprensión más profunda del mundo reuniendo tantas perspectivas distintas como sea posible para formar con ellas una imagen coherente.

La neuronormatividad se opone a eso al exigir homogeneidad, y así produce la neurodivergencia.

Cómo reconocemos la neurodivergencia

En un mundo ideal, las clases empezarían por la metacognición. Es decir, primero daríamos a los niños la capacidad de explorar cómo funciona su propio sistema nervioso y de aprender a aprender.

Pero en la realidad de la mayoría de las personas, y sobre todo de los niños, la metacognición casi no cuenta. Importa más el resultado producido que el camino que sigue un niño para llegar a él. Así no averiguamos cómo funciona el cerebro, solo qué escupe al final. En el peor de los casos, es justo eso lo que se califica.

De ese modo, ni los niños ni los padres ni los profesores saben cómo aprende realmente el niño ni qué condiciones le ayudan. Con lo cual surge la pregunta: entonces, ¿cómo reconocemos la neurodivergencia?

Para saber si una persona es neurodivergente dependemos, por desgracia, de medir distintos síntomas. Esos síntomas no son consecuencias naturales del sistema nervioso, sino a menudo el resultado de la fricción entre el sistema nervioso y la neuronormatividad del mundo exterior.

Entre ellos pueden estar la inquietud interior, la falta de impulso, la dificultad para concentrarse o el burnout, pero también conductas socialmente llamativas, la dificultad para empezar tareas o para cambiar de una a otra, «problemas» de comunicación o reacciones emocionales valoradas como muy intensas.

Por eso, ciertos constructos que la psicoterapia conoce como cuadros clínicos se cuentan cada vez más dentro del ámbito de la neurodivergencia. Entre ellos están el trastorno del espectro autista (TEA), el TDAH y el TDA (TDAH de presentación predominantemente inatenta), el síndrome de Tourette, los trastornos por tics, la dislexia, la discalculia, la dispraxia y la disfasia.

También hay particularidades que suelen contarse dentro de la neurodivergencia sin estar clasificadas como «trastorno» clínico: las altas capacidades, la sinestesia, la alta sensibilidad (HSP) y la afantasía.

Las particularidades genéticas y cromosómicas también pueden formar parte de la neurodivergencia. Entre ellas: la trisomía 21 (síndrome de Down), el síndrome X frágil, el síndrome de Williams y el síndrome de Prader-Willi.

Otra cosa importante que nos muestra la perspectiva actual sobre la neurodivergencia: la experiencia neurodivergente no merece reconocimiento solo allí donde la neuronormatividad se encuentra con una predisposición. También muchas personas con diagnósticos psiquiátricos se ven afectadas por la neurodivergencia. Entre ellas: el traumatismo craneoencefálico (TCE), las enfermedades neurológicas (diferencias cerebrales adquiridas por ictus, tumores cerebrales, esclerosis múltiple, epilepsia), los trastornos derivados del trauma (TEPT / TEPT complejo), el trastorno límite de la personalidad (TLP), el espectro de la esquizofrenia, el trastorno bipolar y los trastornos disociativos.

No existe una lista completa de todos los rasgos que llevan a la neurodivergencia. Lo determinante no es la lista de una instancia oficial, sino la situación individual de la persona, incluida su experiencia vivida.

En sí mismos, esos síntomas tampoco significan necesariamente que la persona afectada sea neurodivergente. Por eso siempre hace falta mirarlos junto con la historia de vida y la experiencia vivida. Y ahí la experiencia vivida tiene un peso enorme: por un lado abre una ventana al mundo interior, que de otro modo queda invisible, y por otro permite que la persona cuente lo que vive con sus propias palabras y, con ellas, desde su propio marco. Por desgracia, la experiencia vivida sigue recibiendo poca atención tanto en el diagnóstico como en la investigación.

Lo que 156.578 tests dicen sobre la adaptación y la propia experiencia

¿Qué relación hay entre el intento de no llamar la atención y la propia experiencia? Para averiguarlo, en el instituto Zensitively analizamos los 156.578 tests completos de nuestros datos: en alemán, inglés, español, francés, portugués, turco e italiano. Las respuestas proceden del periodo entre el 16 de octubre de 2024 y el 19 de septiembre de 2026.

Las personas que reprimen a menudo sus reacciones naturales dijeron más del doble de veces que no tienen claro lo que sienten.

Afirmación sobre reprimirNo tiene claro lo que sienteProporción
En desacuerdo10.002 de 39.240 tests25,5 %
Respuesta intermedia12.858 de 36.145 tests35,6 %
De acuerdo45.100 de 81.193 tests55,5 %

Comprobamos además si las participaciones repetidas distorsionan el resultado. Si en lugar de todos los tests miramos solo las 137.920 primeras participaciones completas, las proporciones se mantienen casi iguales: 55,6 % frente a 25,6 %.

El patrón aparece en las siete versiones lingüísticas. Parece darse, por tanto, más allá de expectativas culturales y normas sociales concretas.

Reprimir las propias reacciones para no llamar la atención

156.578 tests completos · aquí: 137.920 primeras participaciones completas

En desacuerdo (1–2)De acuerdo (4–5)
Alemánn = 114.865En desacuerdo (1–2): 24,5 %. De acuerdo (4–5): 54,1 %.

Alemán · 114.865 primeras participaciones

En desacuerdo (1–2)
7040 de 28.702 (24,5 %)
intervalo de confianza del 95 %: 24,0 % – 25,0 %
De acuerdo (4–5)
31.934 de 58.987 (54,1 %)
intervalo de confianza del 95 %: 53,7 % – 54,5 %
Inglésn = 2714En desacuerdo (1–2): 32,8 %. De acuerdo (4–5): 59,9 %.

Inglés · 2714 primeras participaciones

En desacuerdo (1–2)
247 de 752 (32,8 %)
intervalo de confianza del 95 %: 29,6 % – 36,3 %
De acuerdo (4–5)
813 de 1357 (59,9 %)
intervalo de confianza del 95 %: 57,3 % – 62,5 %
Españoln = 8431En desacuerdo (1–2): 27,2 %. De acuerdo (4–5): 64,7 %.

Español · 8431 primeras participaciones

En desacuerdo (1–2)
622 de 2283 (27,2 %)
intervalo de confianza del 95 %: 25,5 % – 29,1 %
De acuerdo (4–5)
2924 de 4522 (64,7 %)
intervalo de confianza del 95 %: 63,3 % – 66,0 %
Francésn = 5468En desacuerdo (1–2): 34,0 %. De acuerdo (4–5): 63,5 %.

Francés · 5468 primeras participaciones

En desacuerdo (1–2)
437 de 1285 (34,0 %)
intervalo de confianza del 95 %: 31,5 % – 36,6 %
De acuerdo (4–5)
1880 de 2961 (63,5 %)
intervalo de confianza del 95 %: 61,7 % – 65,2 %
Portuguésn = 3958En desacuerdo (1–2): 32,9 %. De acuerdo (4–5): 61,3 %.

Portugués · 3958 primeras participaciones

En desacuerdo (1–2)
317 de 963 (32,9 %)
intervalo de confianza del 95 %: 30,0 % – 35,9 %
De acuerdo (4–5)
1343 de 2192 (61,3 %)
intervalo de confianza del 95 %: 59,2 % – 63,3 %
Turcon = 1821En desacuerdo (1–2): 30,3 %. De acuerdo (4–5): 60,0 %.

Turco · 1821 primeras participaciones

En desacuerdo (1–2)
186 de 613 (30,3 %)
intervalo de confianza del 95 %: 26,8 % – 34,1 %
De acuerdo (4–5)
482 de 803 (60,0 %)
intervalo de confianza del 95 %: 56,6 % – 63,4 %
Italianon = 663En desacuerdo (1–2): 21,1 %. De acuerdo (4–5): 55,4 %.

Italiano · 663 primeras participaciones

En desacuerdo (1–2)
36 de 171 (21,1 %)
intervalo de confianza del 95 %: 15,6 % – 27,8 %
De acuerdo (4–5)
189 de 341 (55,4 %)
intervalo de confianza del 95 %: 50,1 % – 60,6 %

Proporción que dice no tener claro lo que siente

El análisis muestra una relación, no una causa. No muestra, pues, si reprimir aumenta la falta de claridad, si ambas cosas surgen de otros factores o si la falta de claridad favorece el reprimir. Para la propia experiencia el hallazgo sigue siendo relevante: además de las reacciones visibles, vale la pena preguntar qué se está guardando una persona y cómo se percibe a sí misma mientras lo hace.

Fuente: análisis de Zensitively del 19 de septiembre de 2026. Las respuestas voluntarias proceden de tests completos; el gráfico compara primeras participaciones completas. La muestra no es representativa y no permite ningún diagnóstico ni ninguna afirmación causal. Ver las cifras agregadas

Reconocer la neurodivergencia

Para averiguar si eres neurodivergente, un autotest bien fundamentado de neurodivergencia puede ser un muy buen punto de partida. Te recomendamos nuestro autotest gratuito, que puedes hacer aquí.

La neurodivergencia en sí no es un diagnóstico médico, psicoterapéutico ni psiquiátrico. Aunque en algunos casos haya trastornos o enfermedades en la base de la neurodivergencia, ser neurodivergente no es una enfermedad ni un trastorno. Es más bien el resultado de una discriminación sistemática, a menudo invisible, que en realidad exigiría ajustes razonables.

En Zensitively somos un instituto psicológico que quiere hacer posible que las personas neurodivergentes lleven una vida plena y auténtica. El Eigenraum Approach, que enseñamos y aplicamos en el instituto, permite a cada persona poner su experiencia vivida en el centro, soltar la neuronormatividad interiorizada y participar de forma creativa en el diseño de su propia vida.

Nazim Venutti, MSc Psych
Nazim Venutti, MSc Psych

es psicólogo clínico y compositor de Hamburgo. Él mismo es neurodivergente y combina una perspectiva profesional con una mirada desde dentro. Es autor del libro «Dominando la Neurodiversidad» y desarrollador del autotest de neurodiversidad.

Soy
altamente sensible.

Con el autotest gratuito de neurodiversidad para personas adultas, comprender mejor el propio sistema nervioso.

Test de neurodiversidad de Zensitively

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